Muga: el arte de contemplar sin explicar

 

 Muga, el sentido que quizás no conocíamos

Hace algún tiempo escuché por primera vez una palabra japonesa que despertó mi curiosidad: Muga.

La persona que la mencionó hablaba de ella como si fuera un sentido. Un sentido que la mayoría de nosotros desconocía. Algo que iba más allá de los cinco sentidos con los que aprendimos a comprender el mundo.

La idea quedó resonando en mi cabeza.

Porque estamos acostumbrados a confiar en lo que vemos, escuchamos, tocamos, olemos y saboreamos. Sin embargo, muchas de las experiencias más importantes de nuestra vida parecen ocurrir en un lugar que no puede medirse tan fácilmente.

La intuición.

La inspiración.

La profunda sensación de paz que aparece sin motivo aparente.

La certeza de que algo es correcto aunque no podamos explicarlo.

La conexión con una persona, un lugar o un momento que nos conmueve sin saber exactamente por qué.

Movida por la curiosidad, decidí investigar qué significaba realmente Muga.

Descubrí que la palabra está formada por dos caracteres japoneses: "mu", que significa ausencia o vacío, y "ga", que significa yo o ego. Su traducción más cercana sería "sin ego" o "sin yo".

Al principio me sorprendió.

Yo esperaba encontrar algo parecido a un sexto sentido.

Pero mientras más leía, más comprendía que quizás la idea original no estaba tan lejos de la realidad.

Muga no habla de un nuevo sentido físico. Habla de una forma diferente de experimentar la vida.

Según esta visión, cuando el ego se aquieta por un instante, dejamos de observar el mundo únicamente a través de nuestras preocupaciones, nuestros deseos, nuestros miedos o nuestras expectativas.

Y entonces aparece algo distinto.

No vemos más cosas.

No escuchamos sonidos ocultos.

No desarrollamos capacidades extraordinarias.

Simplemente percibimos con mayor claridad.

Quizás por eso esta idea me gustó tanto.

Porque muchas veces me ha ocurrido algo curioso.

Alguien me pregunta por qué me gusta tanto un paisaje, una canción, una fotografía o incluso una persona.

Y no sé qué responder.

No tengo una explicación elaborada.

No hay una lista de razones.

Simplemente me gusta.

Lo contemplo.

Lo siento.

Y eso me basta.

Durante mucho tiempo pensé que debía encontrar una respuesta más inteligente. Como si todo lo que sentimos necesitara ser analizado, comprendido y justificado.

Pero con los años he empezado a sospechar que algunas de las experiencias más valiosas de la vida no necesitan explicación.

Un amanecer.

El sonido de la lluvia.

El mar en silencio.

La sombra de los árboles moviéndose con el viento.

Una conversación que nos deja en paz.

Hay momentos que parecen completos tal como son.

Momentos que no necesitan ser entendidos para tener significado.

Y quizás eso sea lo que más me atrae de la idea de Muga.

Vivimos en una época que nos invita constantemente a opinar, explicar, demostrar y definir quiénes somos. Todo parece requerir una respuesta inmediata.

Pero Muga propone algo diferente.

Nos recuerda que existe una forma de estar presentes sin que el ego ocupe siempre el centro de la escena.

Una forma de observar sin juzgar.

De sentir sin analizar.

De experimentar sin intentar poseer.

No sé si Muga es realmente un sentido desconocido.

Tal vez no en el sentido tradicional de la palabra.

Pero sí creo que describe una capacidad que muchas veces olvidamos: la de estar completamente presentes frente a la vida.

Y cada vez que alguien me pregunta por qué algo me gusta tanto y no encuentro las palabras adecuadas para responder, recuerdo esta idea.

Quizás algunas cosas no llegaron a nuestra vida para ser explicadas.

Quizás llegaron simplemente para ser contempladas.

Reflexión final

¿Qué ocurriría si por unos minutos dejaras de pensar en lo que debes hacer, en lo que esperan de ti o en cómo te ven los demás?

Tal vez descubrirías que detrás de todo ese ruido existe un espacio de calma que siempre ha estado allí.

Los japoneses lo llamaron Muga.

Y aunque no sea un sexto sentido, quizás sea una de las formas más profundas de experimentar la vida.

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